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José de Tapia - hommage de Teresita Garduno ( Mexique)

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Un maestro singular.
Vida, pensamiento y obra de José De Tapia y Bujalance.
Primero, unos palabras al actor
Mi querido maestro Pepe.
He querido iniciar la presentación de esta obra singular del buen amigo Fernando Jiménez Mier y Terán, jugando con los tiempos y los espacios; con las realidades y los ensueños; con las coincidencias y con los encuentros. Y tal vez lo hago hoy así porque a medida que pasa nuestra vida, podemos sopesar con mayor pertinencia la vida de otros. Cuestión de experiencia, dirán algunos. Cuestión de sensibilidad, mencionarán otros. Cuestión de la vida, diría yo.
Primero los tiempos. Resulta que nos volvemos a encontrar en estos espacios de la memoria 25 años después de la primera obra, pero casi 26 años después de tu partida. Y es aquí donde llega la primera coincidencia: tú te vas al infinito un día que yo no podré olvidar: el 4 de mayo de 1989. Ese día cumplía yo 40 años. En el plano del coincidir, decidiste quedarte en mi corazón. En ese gesto del Maestro, caballero andante de 93 años dejaste un sello de presencia que revive cada año.
Y en ese plano de coincidencias, hace poco te soñé. ¡Extraño sueño! Nunca te habías aparecido. ¿Serían las llamadas de Fernando las que evocaron tu imagen? No lo sé. Sólo recuerdo que al despertar recuperé esas imágenes simbólicas. Caminabas ya despacio e íbamos con alguien más, no veo su rostro. Pero el tuyo era claro como el de las muchas fotografías que ahora pueblan tu libro: afilado, cabello cano, lentes, una gran sonrisa y llevabas un bastón. Caminamos por un bosque, huele a humedad, es el atardecer y vamos tranquilamente, sin prisa, disfrutando el crujir de las hojas bajo nuestros pies. Tu voz se confunde con la fiesta de los pájaros que regresan a sus nidos antes de que la noche caiga. Yo no hablo, sólo escucho. Tal vez busco atrapar las palabras en el etéreo mundo de los símbolos.
Me pregunté el por qué de mi sueño y volví a escuchar tus palabras y tus reflexiones con motivo de la visita que hiciste a mi escuela, la Escuela Activa Paidós, en noviembre de 1987, un año cinco meses antes de tu muerte. Al revisar tus memorias me di cuenta de lo que habías leído en las cartas que los niños y niñas de Paidós te envían después de haber visitado tu escuela, la Manuel Bartolomé Cossio.
En las cartas infantiles niñas y niños te atrapan en su afecto y decidiste ir a responderles: Sus textos decían: “Tere es muy buena maestra y directora y usted la enseñó…; nunca esperé ni imaginé ver y conocer al maestro de mi maestra…; usted es como el abuelo de todos los que somos o fuimos alumnos de Tere, ya que ella es como nuestra segunda madre; así que usted ya se puede considerar como el abuelo de otra escuela más, y le aseguramos que todos sus nietos y nietas lo respetaremos y querremos siempre, gracias por ser quien es”.
Fue así, como tú lo dices, pateando los 92 años que decidiste trasladarte a la Escuela Activa Paidós, a principio de diciembre. Entonces les dijiste: “Corazones, deseo cumplido, aquí me tenéis; aunque físicamente me he debilitado mucho, todavía trabaja en mí lo mejor que tiene el hombre: mi cerebro y mi corazón me obedecen… Estoy profundamente emocionado por vuestras cartas”.
Luego agregaste: “Yo nunca he sido maestro de Tere, ella es quien ha dado lecciones a este viejo maestro porque se ha pasado la vida entera, averiguando qué hay detrás de la educación, para formar y preparar a los hombres y las mujeres del futuro que se encargarán de forjar un mundo nuevo sin odios, rencores ni angustias… Tere sabe bien lo que tiene entre las manos cuando trabaja con vosotros: el tesoro de la humanidad, el tesoro del porvenir del mundo; Tere es una de las poquísimas maestras que merece el título de maestra, y por ello, con mi experiencia de viejo maestro, me inclino ante ella para reconocer su trabajo…; no tienen por qué darme las gracias de nada, soy yo el que está agradecido ante vosotros… como a los hijos y a los nietos se les quiere mucho, hoy queda aquí mi corazón”.
Hoy, casi 28 años después recupero los tiempos y los espacios de nuestros encuentros, nuestras coincidencias y motivos para comprender y resignificar el sentido de mi lucha, de mi compromiso con las niñas y los niños, de mi alianza con los maestros singulares y excepcionales como tú, mi querido Pepe, para recuperar la fortaleza que en momentos ha sido cimbrada y escuchar la voz de mi maestro que pudo vislumbrar por la voz de los niños y las niñas el sentido de mi acción como educadora.
Gracias Pepe por acompañarme en los momentos inciertos del inicio de Paidós en aquel juicio que se me hizo en la casita de Sánchez Azcona: gracias por acogerme con Chela en tu casa de San Jerónimo en nuestras largas tardes de escritura de libros; gracias por verme partir con el hijo y la hija dormidos por la noche y acompañarnos con el pensamiento; gracias por tu presencia en los Congresos de Escuelas Activas; gracias por tu última visita a una escuela amiga cuyos niños y niñas tocaron tu corazón. Gracias por ser, mi maestro Pepe.
Ahora, dejemos que el pensamiento y las palabras, recorran la excepcional obra de Fernando Jiménez Mier y Terán.
Para ello he decidido tejer algunos elementos que han permitido construir esta obra: la intención, el camino, los testimonios y las imágenes.
Primero, la intención.
Fernando Jiménez desde el ámbito de la Pedagogía, de la sociología, de la etnografía decidió recuperar la vida, el pensamiento y la obra de José de Tapia y Bujalance. Quiero interpretar desde el espacio de quien lee, algunos de sus motivos. Creo que todos ellos tienen relación con un profundo reconocimiento y valoración del significado del trabajo de Pepe. Como maestro de sus hijos, como aprendiz profundo de su padre Laureano de Tapia y Telles gran maestre de la masonería y republicano federal, como luchador social comprometido en el apoyo de los obreros esperantistas de Pueblo Nuevo del Terrible, como hombre de profunda ética y maestro librepensador en Montoliú, como anarquista convencido de la libertad, la responsabilidad, el compromiso, la dignidad, la cooperación, la sinceridad, el respeto, el trabajo, la verdad, la justicia, la lealtad, la congruencia, la creatividad, el amor, la sencillez y la confianza.(Todo ello salido de sus labios).
En el transcurso de la obra Fernando transparenta su intención: Mostrar un Pepe real, que se construye a partir de su propia historia, de las ideas librepensadoras del padre y religiosas de la madre, que se enfrenta a la incompetencia y al incumplimiento de un maestro suplente en la Normal con toda la fuerza de sus años mozos cuando denuncia al maestro ante el director y le dice: “Quise enterarlo del problema que representa para todos ese profesor, pues nos hace perder vilmente el tiempo cuando tenemos la desgracia de tolerarlo”.
Fernando hace hablar a Pepe de sus convicciones respecto a lo que debe hacer la escuela. Es así como Pepe se expresa desde su primera época como maestro la convicción de que una tarea pendiente para los maestros en España era formular su propio programa escolar. Eso permitía “encarar a la escuela con las necesidades de la localidad”. Desde esos años iniciales se pronunció contra los libros de texto por lo que decía “confieso que los detesto”. “Son esquemáticos, están mal hechos y no responden a la realidad de los escolares; más bien contribuyen a matar todo espíritu de búsqueda e iniciativa”.
Si el conocimiento es una construcción social, dicha hipótesis se confirma cuando Pepe señala que fue en Montoliú donde entró en contacto con grandes educadores con quienes estará en relación estrecha el resto de su vida: Patricio Redondo, Herminio Almendros y tiempo después Ramón Costa. Junto con ellos conoció, estudió, discutió y experimentó la propuesta educativa de Celestín Freinet.
Por otro lado, la guerra civil se entreteje en la labor del maestro Pepe que apoya desde el primer momento a los combatientes hasta el triunfo de las tropas franquistas en 1939. Su paso por Francia prisionero en el campo de Argeles, el reencuentro con su familia en Villiers, la lucha por la supervivencia durante la invasión nazi hasta el final del la 2ª. Guerra. La invitación de Patricio Redondo para que Pepe y Cata viajen a México y él pueda reemprender su tarea como maestro en 1948.
La lógica de los tiempos recupera el trabajo de Pepe en el Instituto Nacional Indigenista con los Pozas en 1955 en Nuevo Paso Nacional donde incorpora una imprenta Freinet. La muerte de Cata en 1959, el viaje a ver a sus hijos en Francia en 1960, el trabajo de Pepe y Chela en Sta. Catarina en 1961, junto con la llegada de Tere Vidal a la Escuela Rafael Ramírez.
Esa realidad se teje de un nuevo significado cuando Fernando alumbra el momento en que Chela y Tere lo convencen de abrir una Escuela Freinet en la ciudad de México, que iniciaría su trabajo el 6 de febrero de 1964.
El camino…
¿Cómo logra Fernando presentar una obra que es una reconstrucción de experiencias fundamentada en una sólida teoría pedagógica?
A través del encuentro con Pepe a través del tiempo. Dejando que la memoria se reencuentre con las experiencias para que a partir de la vivencia se pueda traslucir la visión de la escuela que Pepe fue forjando. Es claro que cuando habla del grupo “Batec” recupera su sentido de análisis de las principales problemáticas educativas del pueblo al que tocaba la visita. Igualmente resulta apasionante seguir la llegada de la imprenta a la escuela de Lérida cuando los chicos hicieron un texto sobre las lagartijas preñadas, unas lacerta vivíparas propias de la península Ibérica cuyo huevo del que nacen, al romperse en el oviducto, semeja un verdadero parto.
Otro camino importante utilizado por Fernando, es la interpretación de documentos, ricos de historia y de sentido, como es el caso de lo escrito por Herminio Almendros en 1932 al visitar la clase de José de Tapia: “He aquí una escuela. Un maestro justamente engastado en la obra de educación del pueblo que persigue nuestra República. Si todos los maestros españoles tuvieran el emocionado sentido de la educación popular y la clara visión que José de Tapia tiene de su responsabilidad en el destino de las nuevas generaciones, la obra y el destino de la España que nace alcanzarían la categoría de ejemplares.”
Pero Fernando Jiménez no sólo recupera los textos de inspectores y docentes, sino también de los niños para integrarlos en este espacio de reinterpretación de la realidad de la obra pedagógica de José de Tapia.
Recuperemos el texto de “Nuestro maestro” cuyo dibujo ilustra la portad del libro.
“El maestro es muy bueno y siempre nos hace estudiar y nosotros siempre chillamos.
También nos enseña mucho y siempre quiere ejercicios.
Tiene muy mal genio y cuando no nos sabemos las lecciones se enfada y todos estamos temblando de miedo.
Ahora se quiere marchar y nosotros no quisiéramos que se marche”.
PRIMER GRADO.                                                        
Las imágenes.
Resulta un verdadero banquete testimonial el conjunto de imágenes que Fernando ha recopilado para nutrir la obra y enseñar a quien lee a interpretar esa realidad.
De hecho hay una lectura de imágenes que el lector puede realizar a través de las 518 páginas del libro.
Iniciando con la fotografía de Pepe y Fernando el día que se inicia la entrevista, el 9 de julio de 1987, después puede uno atravesar la Plaza de la  Trinidad en Córdoba donde Pepe jugaba con los niños del barrio. Ver los libros publicados por su padre hasta llegar a la fachada de la Escuela Normal Superior de maestros de Córdoba y posteriormente leer la solicitud de Pepe para entrar a la escuela Normal, ver su lista de maestros, sus horarios, el acta de examen y finalmente la fotografía de Catalina García y la ventana donde ella y Pepe “pelaban la pava”, para consolidar esa historia de amor en el Acta de Matrimonio de Cata y Pepe en 1914 y la fotografía de su casa y de la escuela. Cierra esta etapa el acta de defunción de la primera Elisa de Tapia García de un año de edad en 1914.
Despierta un especial interés observar las fotografías de la familia de Pepe, aquellas de Pepe y sus hermanos y hermanas rodeando a Laureano y a Elisa, los padres. Igualmente resulta muy interesante la fotografía de Pepe con sus hijos en diversos años: 1935, 1939, 1940, 1943.   . Como lectora apasionada de iconografía, recorrí los grupos escolares de Pepe, de Montoliú de Lérida, aquel que se encuentra con Herminio Almendros, los del grupo Batec, el grupo escolar de Barcelona del 35-36, los participantes del 2° Congreso de la cooperativa española de la técnica Freinet en Huesca. Igualmente están llenas de significado las cartas de los seris,
En la interpretación del trabajo de la imprenta, la obra es generosa al recuperar numerosos ejemplares creados por los niños: “Las aventuras de un conejito”. La revista “Colaboración”, “Vilabesos” “La nau”, “Llavor”, “Llegó la imprenta”, “El Mazateco”, “Escuela rural” , “Iris”, “Kin”, “Nido”, Tlaloc”, “Zazil”, “Oro”, “Sadako sasaki”
La creación de la escuela Manuel Bartolomé Cossío, su peregrinaje por las colonias Del Valle, Narvarte, Reforma Iztaccíhuatl, la granja Estrellita, las Águilas, hasta la escuela de Tlalpan en la calle de Coapa van siendo documentados por numerosas fotografías de las escuelas, de Pepe y Chela, de Tere, las asambleas, de la imprenta, de los textos libres, de Elisa, la hija de Pepe y Chela muy pequeñita y luego a sus 14 años, de Karen, de la clase de Ciencias, del viaje a San Andrés, de Pepe con su pipa, el informe en una asamblea, la construcción de la escuela de Coapa, los diarios,el despacho de Pepe, la clase de música, el club de carpintería, el pastel de Pepe de sus 70 años como maestro, la clase de Geometría de Pepe, la despedida de Pepe de la escuela en junio de 1988, hasta las 9 fotografías de Pepe a lo largo de su vida. ¡Delicioso festival de imágenes que han hecho posible una reconstrucción testimonial y de imágenes para rehacer una vida, una filosofía, una práctica y una obra!
Fernando Jiménez nos comparte finalmente su tanteo experimental. Fernando es un historiador de la educación, de la educación Freinet en España y México, de la obra de José de Tapia y Bujalance. Como buen historiador Fernando sabe seguir sus propias hipótesis, pero también las huellas históricas que se aparecen primero desordenadas y caóticas y que después son reorganizadas por nexos de causalidad y de identidad. Fernando sabe hacer preguntas y sabe escuchar y deja, en un proceso de profundo respeto epistemológico, que el otro responda, que el otro recupere su historia y la muestre a su interlocutor. Fernando es un buscador tenaz que no ceja en su intento de marcar los caminos que el polvo y el tiempo ocultan, pero que están ahí y muestran las huellas del caminante. Fernando es un tejedor de historias. Recupera la vida a través de las imágenes de personas, de eventos, de objetos, de textos, de historias. Fernando es un artista de la vida que descubre sus hilos dorados con la paciencia de un arqueólogo, con la intuición de un investigador. Fernando es un apasionado explorador que no se da por vencido y encuentra nuevos vericuetos y veredas para seguir caminando en su utopía de reconstrucción.  Finalmente, declaro, que Fernando es un provocador. Nos ha invitado a recuperar la historia de las otras y los otros del movimiento Freinet en México. ¿Quién se anima?
Gracias Fernando por lanzar anzuelos y recuperar en el agua, las estrellas del cielo.
Tere Garduño.